El briefing era claro: Un hotel con encanto situado en un convento quiere lanzar un vino con el nombre «Pekatu». Cuando nos presentaron la idea nos sonó a cliché. Conventos, monjas y pecado era la historia provocativa más fácil, el camino más corto. ¿Qué podíamos hacer entonces? Creamos un relato corto de múltiples interpretaciones que colocaba a nuestra monja en el epicentro de la historia. Le dimos vueltas y más vueltas. Aquella esbelta botella negra que teníamos delante de nuestros ojos era la abstracción evidente de nuestra protagonista. Si ella era la monja ¡había que conseguir una toca!

Después de muchos prototipos en papel, y gracias a la cuidada impresión en 3D, pudimos hacer nuestra idea realidad: convertir la botella en la propia monja. La guinda del pastel. Una producción limitada de tocas que se incorporaban a la botella para la exhibición del producto en puntos estratégicos y que multiplicaban por 100 su notoriedad. La elección tipográfica, el barniz uvi que recuerda la celosía, el dorado y el profundo negro, nos arrastran a un misterio que solo podía tener lugar en un convento.

Cris Rey
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