Los certámenes de diseño de carteles que convocan nuestras instituciones

By 8 febrero, 2016comunicados
Desde su creación, Diga —la Asociación de Profesionales del Diseño Gráfico de Álava—se ha esforzado por poner en valor el trabajo de nuestro colectivo, y su importancia para la sociedad; Como disciplina subordinada a la comunicación aunque abierta a todo el potencial de la experiencia estética, pero también como una herramienta de análisis de lo que somos y aspiramos a ser.

Creemos fundamental educar a nuestra comunidad en la relevancia del trabajo que desempeñamos, y por ello queremos compartir públicamente nuestra reflexión a propósito de un asunto que nos atañe y preocupa directamente: los certámenes de diseño de carteles que convocan nuestras instituciones. 

En los últimos años, hemos podido constatar algunos datos incuestionables: El nivel de los trabajos a concurso ha descendido alarmantemente, al igual que la participación de profesionales del sector. A nuestro parecer, el diagnóstico es claro: mientras en la votación final se anteponga la participación popular al criterio profesional, la situación solo podrá ir a peor. 

En el sistema de selección y votación actual —con el que actualmente Diga no tiene vinculación alguna— prima el nepotismo sobre la calidad de un buen trabajo: el participante que consiga reunir mayor número de adhesiones, en forma de votos rogados través de las redes sociales, o entre sus conocidos, tendrá asegurado el premio. Ningún diseñador gráfico va a invertir su tiempo y su talento, sin la garantía de un jurado que pueda valorar su propuesta con rigor.

Al fin y al cabo, si lo que importa es abrir espacios donde el ciudadano pueda participar con su valoración, ¿por qué no invitarle a opinar durante la licitación de un proyecto arquitectónico? ¿O en los contenidos del programa de las fiestas patronales? ¿Por qué esta diferencia de rasero? Con todo, si es grande el desprestigio que esta dinámica supone para los profesionales del diseño gráfico, la peor parte recae en la propia ciudad. Vitoria-Gasteiz proyecta una imagen débil y aleatoria, dudosa. Su identidad se resiente, el modo en que nos perciben desde fuera y nuestra propia autoestima.

Incluso la persona menos familiarizada con en el mundo de la comunicación es capaz de valorar un buen spot publicitario, emocionarse con una idea brillante o una imagen audaz. Si queremos que los concursos que premian la creatividad vuelvan a ser atractivos para los creativos, comencemos por afrontarlos con respeto. Es necesario explorar nuevas fórmulas que les devuelvan el mismo prestigio que merece nuestra profesión.